
Nosotros, Siervos y Siervas de Nuestra Señora somos sobre todo hombres y mujeres de oración, ya que es en la oración que sacamos toda la fuerza necesaria para realizar dignamente nuestro deber de estado.
De acuerdo con los deseos de la Iglesia, los Siervos y Siervas de Nuestra Señora reciten el Oficio Divino cuatro veces el día: Laudes, Sexta, Vísperas, et Completas. Cada día, las Congregaciones de los Siervos y Siervas de Nuestra Señora cumplen con el Oficio Divino. Las Laudes como oración de la mañana y las Vísperas como oración de la noche.
Son los dos polos del Oficio, "horas" principales celebradas en consecuencia.
Una única pequeña hora constituye, a mediodía, el Oficio de la mitad del día: Sexta.
Las completas son recitadas como oración de la noche de la Comunidad.
Después del Santo Sacrificio de la Misa, no consideramos nada encima del Oficio Divino y lo consideramos como el más noble y más útil empleo del día. Después de haber todo dejado por Dios, nuestro primer cuidado debe ser dedicarse a Dios. El celo que ponemos al servicio divino da la medida de nuestra fidelidad a nuestra vocación.
Cumpliendo con el Oficio Divino, la Iglesia alaba sin cesar al Señor e intercede por la salvación del mundo entero. Cuando ejecutamos algunas partes del Oficio, realizamos la oración pública de la Iglesia.
Por lo que se refiere al Oficio Divino, los Siervos y Siervas de Nuestra Señora utilizan todas las formas de salmodia y de canto que les convenga teniendo en cuenta el oficio que celebran y el tipo de salmo (en latín o en lengua vernácula) siempre en la tradición de la Iglesia, rechazando todo modernismo.
La salmodia es una participación, una toma a cargo, una comunión fraternal; ésta es la razón por la que, antes de comenzar la salmodia, nos ponemos en estado de oración.
La oración no es un asunto de tiempo ni de lugar. Se puede rezar por todas partes, en la calle, en su empleo, etc... se puede rezar continuamente que nuestras manos sean libres u ocupadas, que uno esté en buena salud o enfermo. Uno reza por toda su vida, por todas sus acciones. Este fuerte tiempo de oración personal y comunitaria es necesario en el día del religioso. El rezo es el centro vital de la Congregación de los Siervos y Siervas de Nuestra Señora.
Por lo que se refiere a la meditación contemplativa, la hacemos habitualmente después del Oficio Divino - un mínimo de 30 minutos al día - la oración es la expresión de nuestra intimidad filial con Dios. Rezar, para nosotros, es hablar a Dios como a un padre. Un padre presente y que escucha, acogiendo, que responde porque ama.
La oración contemplativa es el momento de la oración personal, el momento del corazón a corazón más espontáneo posible cuando la religiosa habla a Dios el lenguaje del amor. Ésta es la razón por la que hacer oración contemplativa, es también callarse en presencia del Señor, contemplarlo, dejarle hablar, escucharle, ofrecerse a Él, adherir a Él, descubrirle en nuestro trabajo, en sí y en el mundo.
Es por Nuestra Señora que aprendemos a hacer la oración contemplativa. Ella, que a lo largo de las velas, en la intimidad de la casa de Nazaret, oía a Jesús hablar como lo más eminente de los maestros. Ella, que escuchó, entendió, cumplió como la más excelente de los discípulos y que "conservaba todo en su corazón". Cada viernes, la oración será consagrada a meditar sobre la Dolorosa Pasión de Nuestro-Señor y la Compasión de Nuestra Señora.
Las alegrías o las sequías en la oración importan poco. La parte fundamental, es cumplir lo que Dios espera de nosotros. Ven lo que dice la gran Santa Teresa de Ávila, a este respecto:
"Cualquiera comienza en la oración, no olviden eso, es muy importante, debe tener la única pretensión de apenar, determinarse, disponerse, tan diligentemente que posible a conformar su voluntad a la de Dios."
Pues un único objetivo, la Voluntad de Dios. Y Santa Teresa añade:
"En la oración, no se trata de pensar mucho, sino de amar mucho."
Santa Teresa de Ávila declara que:
"la oración mental no es otra cosa que un comercio de amistad en lo cual nos entrevistamos a menudo e íntimamente con Él de quien sabemos que nos ama."
"Conviene orar perseverantemente y no desfallecer".
San Lucas C.18